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anton melon

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Si uno de tus planes de verano es encontrar paz, serenidad y sentir la naturaleza, os cuento mi experiencia de cómo lo conseguí en una de las isla más alocadas y populares del mundo, a la vez que salvaje y bella, la isla de Ibiza.

En este caso, el gran responsable de que pudiéramos vivir tal experiencia fue Antonio, un amigo que nos invitó a la casa de pescadores que el abuelo de su pareja construyó en una pequeña cala al suroeste de la isla en los años 70. ¡Cómo me gustó saber que era de esa época! Durante los siete días que estuvimos en la casa me venían imágenes a la mente de cómo debieron vivir en aquellos años los extranjeros que convivieron con los locales en la isla – me acordé del documental –Hippies Forever -.

En la casa nos despertábamos con los primeros rayos de sol, nos dábamos el mejor baño del día con los ojos aún a medio abrir, y preparábamos un rico desayuno donde nunca faltaba un zumo de melón – con un poco de hielo o agua fría para que refrescara -. Leer, bucear, nadar, volver a leer, hacer el vermut y otro chapuzón era como pasábamos la mañana, o la tarde cuando vimos que aquello era lo que buscábamos, y lo mejor que podíamos hacer en esa época en la isla. Ver la puesta de sol y alargar alguna que otra noche con cervezas o mojitos fueron también planes que ahora recuerdo con una sonrisa.

De las escapadas y planes que hicimos, y valorando que influyó mucho ir la última semana de julio y primera de agosto -, cuando la isla estaba “superploblada” -, recomendaría:

 

–  Ir a comer a la S’Illa Des Bosc, un restaurante en Cala Compte – que mucha gente nos recomendó – con una carta que sorprende, con productos frescos y originales, como la paella de arroz negro con guisantes y emulsión de cebollinos que nos hizo delirar. Las vistas son muy bonitas y el servicio simpático. Precio: 40€/persona y vale la pena. 100% recomendado.

illa            IMG_5717 2           PAELLA

 

– Pasar un día en Cala Molí, una pequeña cala también del suroeste de la isla con solo un restaurante/chiringuito bonito y tranquilo, donde alquilar hamacas es un lujo recomendado. Un libro y ganas de desconectar es lo único que te hará falta en esta preciosa cala. La comida, un poco cara – como todo en Ibiza – pero bastante buena. Precio: 20-25 €/persona.

IMG_5847       OK SILLA       IMG_5856 2

 

– Comer o cenar en Aubergine, el nuevo restaurante de comida ecológica y orgánica de la isla, donde se puede ver además arte local, productos hechos por artesanos vecinos y disfrutar del sonidos de los grillos y demás naturaleza al estar en medio del campo ibicenco. Pronto escribiré más sobre de este sitio mágico. Precio: 40€/persona.

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– Ir de compras al mercadillo de las Dalias – en mi opinión cada vez más turísticos, pero si no lo has visitado nunca, es curioso – y acabar cenando en Ca N’Anneta (también llamado Bar Anita) en Sant Carles de Peralta. Es el antiguo local de correos del pueblo, que conserva aún las postas y tiene un patio en la entrada muy agradable y auténtico. La comida es la típica de un sitio tradicional, con el mejor alioli que probamos – en todos lo sirven antes de las comidas -. Precio: 15€/persona. ¡Recomendado!

anneta       IMG_5831       IMG_5835

Espero que os haya gustado, y aunque mi recomendación sería no ir a Ibiza en estas fechas de verano, aún así, es posible encontrar paz y serenidad, supongo que porque al final, como todo, lo importante es llevarla, o buscarla dentro.

Mucho eco-amoooor,

Idoia.

Fotos: Antonio Covelo y yo misma.